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Introducción:
Hace poco, tiempo antes de mi regreso a las actividades en la red y a la dirección de los foros, luego de una involuntaria y prolongada ausencia, se dio un debate causado casi por accidente, en el ámbito del foro "General" de religión. El mismo se había originado en base a la aportación de un usuario, que pretendió, con el mensaje, aludir al espíritu de sacrificio y compromiso como un ideal que poseen algunas culturas ancestrales.
Me refiero al tema del "Juramento Yaqui" y del ritual de "Graduación de un Hombre Coyote", llevado a cabo por una cultura aborigen, nativa del noroeste de México.
Lo curioso del intercambio no fue el tema en sí, algo tangencial para el tópico del foro, sino las derivaciones que la errónea y apresurada interpretación del artículo, motivó en algunos. Al final, esto sirvió para decantar ciertas conclusiones sobre el verdadero significado de la tolerancia, la espiritualidad global (llamada a veces "universalismo") y la afectación con que ciertas personas abordan presuntos caminos de trascendencia, dejando de lado la base misma de la ética, como es el humanismo y la comprensión "del otro" (de los demás).
Sobre eso, me he propuesto reflexionar en esta, mi primera editorial, desde que comenzó la nueva etapa de "Las Puertas de Babel"… Sin embargo, para poder ser objetivos en nuestras apreciaciones y estar seguros de que caminamos sobre terreno sólido, comenzaré por un pequeño resumen sobre quienes son los Yaquis y como es su cultura.
Los Yaquis:
Los yaquis, son un grupo indígena mexicano que vive en varios poblados a lo largo del río Yaqui, en el estado de Sonora. Su territorio comprende unos 25 mil Km2. Poseen una lengua propia, perteneciente al grupo nahuatl-cuicateco, del tronco yutonahua.
El grupo étnico lo integran ocho tribus: Bácum, Belem, Cócorit, Güirivis, Pótam, Ráhum, Torim y el centro de su cultura, Vícam, donde suelen tener lugar todas las asambleas inherentes a la vida social de su nación. Conservan algunos vínculos con los apaches, los mayos, los pimas y los seris.
Los jesuitas tuvieron a su cargo su evangelización desde el siglo XVII, sin haber logrado erradicar por entero a sus creencias nativas, pese lo "denodado" de sus esfuerzos, que muchas veces fueron coercitivos. Cosa que, como sabemos, fue algo común en los territorios "colonizados" por los europeos.
Muchas veces a lo largo de los últimos 180 años, han tenido problemas con las autoridades de México, porque no reconocen otro Estado que el suyo. Vivieron en una condición de permanente rebelión, tratando de preservar su cultura y territorio. Esto les aparejó deportaciones, represión y miserias. Al fin, durante la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940) les fue reconocida la posesión de sus territorios ancestrales, pese a que deben vivir, desde entonces, con una constante injerencia del gobierno central del país. Solo a partir de ese momento, fue cuando dieron por terminadas las hostilidades con los "blancos".
Según las estimaciones actuales, su población es de unos 16,000 (600 de los cuales hablan solo su lengua nativa). Unos 13000 residen en México y el resto en las inmediaciones de Tucson y del pueblo de Guadalupe en Arizona, Estados Unidos.
Este gente se caracteriza por el fuerte apego a sus tradiciones y forma de gobierno, así como por un acendrado sentido de independencia. También poseen una singular identidad étnica, que se empeñan en conservar, pese al paso del tiempo. Esto se plasmó, de manera evidente, durante la independencia de México (1820-21), cuando trataron de organizar una confederación aborigen en la región de Sonora, junto con la tribu ópata.
Su actividad fundamental es la agricultura. Los productos que se cultivan en el Valle del Yaqui son cártamo, soya, algodón, trigo, garbanzo, sorgo, maíz tomate, alfalfa, chícharo, chile, hortalizas, naranja y limón. Estos productos se destinan al mercado nacional y al consumo interno. Un sector mínimo se dedica a la pesca en Bahía de Lobos donde obtienen lisa, corvina, pulpo y ostión y en las esteras a la pesca de camarón. También se practica la caza de venado, coyote, conejo, liebre, ratón de campo y tuza.
El Juramento de los «Hombres Coyote»:
La cultura yaqui es muy afecta a los rituales y las danzas ceremoniales, llamadas "del Venado", los "Pescolas", etc… está última, se cree deriva su nombre de la Pascua cristiana y se lleva a cabo en ocasión de esta.
Entre los rituales más notables, reminiscencia de tiempos muy antiguos y evidencia de que jamás pudieron abandonar su condición de "guerreros" a causa de la permanente hostilidad e intenciones de dominación sufridas por parte de los extranjeros, se encuentra un juramento, hecho en ocasión de que un yaqui se inicia como "Hombre Coyote" o guerrero de su tribu.
Reproduzco el mismo aquí:
"Para ti no habrá ya Sol. Para ti no habrá ya Muerte. Para ti no habrá ya Dolor. Para ti no habrá ya Calor. Ni sed, ni hambre, ni lluvia. Ni aire, ni enfermedades. Ni familia…" "Nada podrá atemorizarte. Todo ha concluido para ti. Excepto una cosa: El cumplimiento del Deber En el puesto que se te designe." "Allí quedaras." "Por la defensa de tu Nación, de tu Pueblo, de tu Raza, de tus Costumbres, de tu Religión." "¿Juras cumplir con el Mandato Divino?"
[Con estas palabras los líderes yaquis otorgan la investidura a los nuevos oficiales, que bajando la cabeza responden:]
¡Ehui! [¡Si!]
(Aporte del usuario Torasyah - dhei@prodigy.net.mx. Mensaje #3828 del foro «Religiones del Mundo» – Fecha: 06/07/2000 15:52).
Punto de Vista Antropológico sobre estos Ritos:
Para aclarar un poco más el origen y la significación de este ritual apelaré, ya dentro de mi actividad profesional, a las teorías antropológicas y psicológicas que se han establecido a lo largo de muchas décadas de estudio de éste y otros casos similares.
Toda sociedad tribal, tiene, o necesita tener, en sus miembros un afianzado sentido de "pertenencia" para funcionar. En realidad, podría extenderse este concepto a todo grupo humano, antiguo o moderno. Esto es, porque si bien casi a desaparecido en el hombre occidental cualquier interés o identificación por sus raíces, lo que a primera vista parece un progreso, es en sí una desnaturalización. ¿Por qué tal afirmación? Pues, porque el instinto tribal no se desvaneció como consecuencia de un hipotético paso hacia un estadio evolutivo superior, sino que se ha "transmutado" en "totems" más frívolos, perecederos e intrascendentes.
La "filiación" con una raza, una cultura o un sistema de creencias, se reemplazó por una divisa deportiva, la asociación a un club exclusivo o, en casos peores (sobre todo en los jóvenes), por la "membresía" a una banda callejera.
Esto nos muestra que, tales tendencias, son propias de la condición humana y no varían con la evolución social en su trasfondo, solo que lo hacen en su contexto y apariencia.
Aun entre quienes se "precian" de haber trascendido estos atavismos, cuando tal pretensión es algo más que simple petulancia, se verifican sentimientos de "pertenencia" a una empresa exitosa, a una profesión respetable o a una clase social elevada.
En la vida de un miembro de una cultura aborigen (no usaré el término "primitiva" porque incluso a nivel técnico a caído en desuso, ya que hoy día se entiende que las sociedades no-urbanas no son primitivas, sino que han seguido un camino alterno de evolución cultural) existen dos instancias "iniciáticas" (a veces aunadas en un solo momento de su vida): El paso ("transición") de la pubertad a la juventud, cuando el individuo (hombre o mujer) se considera sexualmente "maduro" y apto para formar familia y defender a su clan o tribu; y en segundo término, en los casos de las sociedades belicosas, la "confirmación" de los hombres como guerreros (como es el caso que nos ocupa, dentro de la cultura Yaqui).
¿Por qué debe reafirmarse estos cambios a través de un ritual? Es algo simple, el evento garantiza que el punto de inflexión en la vida del sujeto, que siempre invoca a los arquetipos del "cambio", no sea, sin embargo, motivo de desarraigo o "enfriamiento" para con sus lazos ancestrales, para con su entorno tribal y sus valores (religión, mitos, tradiciones, tabúes, etc…).
Esto garantiza no solo la operatividad de la estructura social y su mantenimiento a largo plazo, también es un aval para la felicidad del individuo, que no verá "cada vez más lejos", con el correr del tiempo y el aumento de sus experiencias y vivencias, al "sentido de la vida" que su sistema de creencias le ofrece.
Un juramento de honor, es para todo guerrero tribal, algo tan significativo y sagrado como puede ser la primera comunión para un joven católico o el bar-mitzvá para un adolescente judío. Nada hay de primitivo u "obsoleto" en estos rituales, son hitos en la vida del sujeto y puntos de cohesión dentro de la sociedad donde se llevan a cabo.
Cuando se tiene una vida "insegura", como lo es la que llevan todas aquellas personas que no gozan de los lujos y las sutilezas burguesas de la vida urbana ("occidental y moderna"), lo más importante es saber que, se esté donde esté y le ocurra a uno lo que fuere, siempre habrá un lugar donde "regresar" o bien, una referencia para "evocar", en las situaciones límites (como lo puede ser el arriesgar la vida en combate).
Es pertinente recordar que la gran mayoría de las civilizaciones guerreras y ahora no hablo de tribus que viven o vivieron en estado neolítico, sino de culturas como Roma, Macedonia, el Japón de los Samurai, los Vikingos, Aztecas, y un largo etcétera, no invocaban particularmente a sus dioses cuando iban al combate (o si lo hacían, era en ceremonias públicas, casi siempre de tipo "formal"). El "culto" que les daba fuerzas, valor y decisión para la lucha era el que le ofrecían a sus antepasados, o sea: a sus raíces; y recordemos, antes de condenar como "bárbaras" o emitir cualquier otro adjetivo despectivo y volátil hacia estos pueblos, que los que he nombrado y otros más que eran iguales a ellos, fueron quienes nos legaron nuestros valores, leyes y forma de vida.
Tal necesidad de "conexión filial o tribal" no es ingenua, fanática ni primitiva, es simplemente una debilidad intrínsecamente humana, satisfecha por estas culturas de manera orgánica e inteligente, ya que los procesos psicológicos inherentes, conllevan a una mayor versatilidad del carácter, para afrontar las angustias de la existencia.
Finalmente, el motivo por el cual siempre existe algún arquetipo animal implicado (en el caso de los yaquis, el coyote) es bien conocido por los expertos y medianamente intuído por todos: El deseo instintivo de adquirir las cualidades o aptitudes de supervivencia del animal invocado por parte de aquellos que lo invocan. Tales concepciones son comunes a todas las culturas shamánicas, en especial cuando se trata de clanes guerreros o encargados de la conducción religiosa del grupo social y lejos de ser supersticiones o atavismos sin valor, hoy día son estudiados por la psicología moderna y científica, en busca de nuevas formas de terapia y de aprovechamiento de tales mecanismos para un mayor bienestar psíquico.
El Debate del Foro y sus Implicaciones:
Para cualquier conclusión seria sobre la dicotomía entre "raíces" y universalismo, entre creencia tribal y eclécticismo, debemos primero separar el trigo de la paja y dejar de lado a los "burlones" de siempre, aquellos que se mofan por inercia de todo aquello que es diferente a su pensar, por temor a que "los haga pensar" o a tener que aceptar que, parafraseando a Shakespeare: "…hay más cosas en el cielo y la tierra de lo que sueñan en su filosofía…".
Sin embargo, no quiero dejar de recordar lo lamentable que ha sido el tener que leer frases como: "tonta raicilla" (msg. #3871) para aludir a un ritual sagrado de un pueblo que se ha ganado el derecho de ser respetado, nada más que por haber tenido el coraje y el valor de oponerse a sus conquistadores e invasores; a la ignorancia de comparar al pueblo Yaqui con los nazis (msg. #3917); a la petulancia e impertinencia hacia una usuaria del foro por "estar a favor" de las tradiciones yaquis, al decir: "Tu como latina, en el frio Canada seguramente te sientes discriminada, y con ganas de defender los derechos de las minorias…" (msg. #3870), lo que además de ser una falta de respeto, es una afirmación de corte racista y sexista; y a afirmaciones tan ambivalentes e inconsecuentes como: "…agresivo repudio contra la barbarie a nombre de unos falsos ideales…", en medio de una defensa del "universalismo" mal encarado o solo usado como indumentaria panfletaria.
Nunca se puede tener razón cuando se opina sobre lo que no se conoce ni se comprende. Creo que aquí cabe el proverbio: "Los necios corren por donde los ángeles temen caminar".
Por eso, hago aquí pública, mi total indignación por el hecho de que se usara este foro, que busca y fue creado para la tolerancia y la comprensión entre quienes piensan diferente, con el fin de ofender a una etnia y difamar sus tradiciones.
Ahora si, saltando esta parte triste y accidentada del debate, me gustaría resumir lo que me parece importante del mismo:
Creo que se ha planteado una antinomia entre progreso/globalidad y filiación/pertenencia a un grupo dado. La misma parte de parámetros falsos, en cuanto pretende que el hombre puede "liberarse" de su origen y ser algo "superior" por ello.
En uno de los mensajes se dijo: "Pensar globalmente y actuar localmente", esto conforma una interesante postura que concilia lo "universal" con las propias raíces y orígenes de cada persona que, sinceramente, busque elevar su percepción hacia amplitudes cada vez más grandes, pero "con los pies sobre la tierra". Si de otra forma se procede o piensa, se puede caer en la inacción y el la prédica llana y vacua.
El verdadero eclécticismo o universalismo consiste en no negar que todos los caminos conducen al "destino final", no es como algunos creen, una especie de "paseo" sin rumbo saltando de un lado para el otro y sin aferrarse a nada. Pues si queremos ir de Buenos Aires a Londres, y pretendemos hacerlo con eficiencia y racionalidad, no tomaremos un avión a Calcuta, luego otro a Lima y otro más a Moscú… Iremos directo de una ciudad a la otra, sin negar o ignorar que hay muchas otros lugares para viajar, muchos otros caminos que recorrer y medios de transporte que utilizar. Tampoco pretenderemos algún tipo de "dote especial" y trataremos de llegar nadando o volando, a diferencia del común de los mortales…
Lo primero es "SER" universalista… Lo demás, es "presumir" condiciones de superioridad espiritual que, por necesitar presunción, evidencian su propia inexistencia.
La otra conclusión que me permitiré sacar de todo este asunto, es que no se debe confundir la filiación tribal de una sociedad pequeña, con estructuras ancestrales y que sigue una línea tradicional ininterrumpida desde milenios atrás, con los fanatismos fundamentalistas, de cualquier tipo. No importa si se contraponen con los nacionalismos nacidos de la mediocridad de políticos corruptos y la frustración de grupos urbanos modernos; los sectarismos nacidos de extremistas escindidos de las grandes religiones o con las "elites" terroristas que usan tales cosas como excusas para la barbarie.
Ese tipo de esquematismo o de "generalización" facilista, no conlleva al individuo hacia una comprensión mayor del mundo en que vive, ni lo pone "por encima" de los prejuicios de los demás. Lo que hace, es "sacar un clavo con otro clavo" y si, en el mejor de los casos, elimina el prejuicio original, lo suplanta por uno mayor y acorazado con la propia soberbia, lo que lo hace más desagradable y difícil de erradicar.
En ocasiones como esta, me gusta recordar aquella célebre frase de Voltaire sobre las opiniones divergentes, con ella terminaré mi "editorial":
«No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo»
(Esto, estimados amigos y amigas, es verdadera "TOLERANCIA").
Oscar Carlos Cortelezzi Agosto 2000
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